FeelMotion | VIENTOS DE CAMBIO
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VIENTOS DE CAMBIO

 

Llegaron como un huracán.
El campo no estaba ni preparado para ellas. Van sacudiendo cimientos, columnas y farolas a su paso. Dejan en los surcos de tierra mucho más que un intento de querer ser. De imitar bien. De jugar a.
Dejan semillas de alma. Problemas reales, vida, biografías al límite, a veces incluso peinetas o puños cerrados. Pero se dejan.
La piel o el pecho. Por ellas mismas y por el resto.

 

Es difícil juzgar sin tiempo. Aun así, es innegable, que éste año las mujeres cineastas mandan. Y sin epíteto. Que su obra se ha ido abriendo camino dejándonos de herencia una VII edición de Feelmotion llena de historias de superación y de gritos sordos.

Sensibilidad, carácter y fuerza.

Los antecedentes son muchos y por sendas parecidas deambularon durante años Helena Acero, María Pérez Trillo, Esther Rodríguez, Beatriz Gómez, Melisa Loza, Laura Joly, Paula Montañés, Paula Sánchez, Patricia Rodríguez, Sara Tardón, Marta Pérez, María González, Gloria Arribas, Irene Arnaiz, Sara Perales, Elena González, Tiana Rica, Adriana Carneiro, Marta García, Elena de Diego, Amalia Peigneux, María Albillos, Marina Álvarez, Sarah Rodríguez, Cristina Giménez, María Cano y Natalia Guzmán. Perlas fantásticas en un panorama mayoritariamente masculino. Autoras y piezas sin complejos que hicieron grande y bello Feelmotion. Pero quizás ninguna generación haya conseguido transmitir una heterogeneidad tan grande en sus planteamientos y ambiciones como la de éste año.

Porque una cosa es buenas historias contadas por mujeres. Y otra, mujeres que cuentan buenas historias desde una óptica propia. Desde esa mirada femenina que poco a poco se va quitando el miedo, los tabúes y las propias etiquetas.

Durante la edición pasada pudimos quizás saborear lo que se avecinaba. “Unpleasure” de Carolina González, Arantxa Uria, Inés Chirino y Beatriz Peralta, basado en una idea original de Verónica García se acercó a un relato generacional femenino, y además marcaba un puente con la siempre combativa Claudio Arroyo y su “Femme Fatale”. Dos videoartes, reflexionados, feministas, y explícitamente vaginales.

Pero este año ocurrió.

Nada sucede porque si.

Estamos en el año de la Manada, del MeToo, del Time´sUp de YosItecreo. De esos hitos que están marcando el camino de una lucha que el 8 de marzo se hizo universal y que ya es irreprimible e irrevocable.

En ese contexto aparece una generación de mujeres jóvenes (entre 18 y 20 años) que cuentan sus historias. Pero ya no hay sitio para la ficción. Lo que se cuenta debe ser real, sincero, desde la tripa, elegante pero crudo. Se le da voz a aquellos que no la tienen. Se habla de Alzheimer, de Cáncer, de la Guerra, de la Discapacidad, del TOC, de la Anorexia, de la Violencia de género, el machismo, la Identidad sexual…Se respira Dignidad y Rebeldía.

Algunas fueron finalistas. Otras no.

Irene Arnaiz, Rocío LT, Judit Soriano, Inés Criado, María Vega o María Fernández lo intentaron con obras valientes y valiosas… Adriana de Artiñano, Raquel García, Marta Pérez de Camino, Irene Espejo, Melissa Marek, Alba Pérez, Carlota Borrás, Ana Muñoz, Lucía Peralta, Angélica Muñoz, Natalia Guzmán y Alba Martínez lo consiguieron.

 

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8 de las alumnas finalistas de ESNE FEELMOTION18

 

Cada una desde su trinchera, pero buscando la universalidad de sus propuestas, dejándonos imágenes y reflexiones ya icónicas en este pequeño rincón donde compiten alumnos universitarios de toda España y parte del extranjero. Nos queda la poesía de Artiñano y la delicadeza de convertir a Andrea Mejía en una cocinera hipersensible, rabiosa y hermosa en “Soulmates”; nos queda Isabela Free andando, reflexionando y corriendo por la calle como Renton en Traisnpotting en la curiosa obra de arte y ensayo de Raquel García (“Choose”); nos queda una misteriosa y frágil Nerea Toledo dibujando y manchándose de carboncillo mientras resuena un denso y bello poema en off en la onírica y madura “Palabras” de Alba Martínez; nos quedan los múltiples y siempre bellos pechos de “Breast”, en el sentido comercial de Melissa Marek; nos queda el rostro abstraído y roto de Laura Pons, la protagonista de “Blue Rose” sirviendo cafés y huyendo de su memoria en la opera prima de Angélica Muñoz (cooescritora y coordirectora junto a Jorge M. Vera); nos queda el asfixiante drama íntimo de Carlota Borrás (“TOC”), el rostro de su protagonista, la inquietante Neus Sastre y la fría y lacerante voz de Alisson Campbell; nos quedan los acercamientos a lo distinto de Lucía Peralta: su gran pequeño spot (“Mes que una lletra”) y su pequeño gran documental (“Vacío legal”); nos queda el paraguas cerrado y abierto que Marta Pérez de Camino nos regala en “Ayuvia”, y el rostro empapado de Esther Preckler; nos queda Alba Pérez girándose en la cama frente a Rocío LT y empezando a luchar por su vida en “Adiós Ana”, el corto escrito por ambas actrices y realizado por la propia Alba; nos quedan las dos abuelas de Irene Espejo respondiendo a su nieta y dibujándonos dos formas de entender y vivir el pasado en “Abuelas”. Nos quedan por fin dos excepciones, el humor negro que destila “Mentiras” de Ana Muñoz, personificado en las muecas de Lucia Montiel y el estilo efectista, moderno y barroco de Natalia Guzmán (ya premiada por su corto “The Peep show of ego”, 2016) como directora del videoclip inclasificable pero hipnótico “El Trinidad”.

 

 

Mujeres que piensan, mujeres que luchan, mujeres que observan y que comienzan a dejar su huella cada vez de manera más patente en el arte, la cultura y el cine. 

Y sin embargo, los datos generales demuestran que lo que ha ocurrido éste año en Feelmotion no es lo normal.

Fuera de ESNE, y del entorno universitario las cosas no parecen tan bonitas …

En nuestro país la Asociación de Mujeres Cineastas lleva una década denunciando los datos que demuestran la nula equidad entre los profesionales audiovisuales de nuestro país. A saber: solo el 7% de las películas realizadas cada año en España son dirigidas por mujeres; y firmados por ellas solo aparecen el 20 % de los trabajos de producción y el 15% de los guiones de largometrajes. Y todo esto teniendo en cuenta que el 55% de los alumnos licenciados en “artes del espectáculo y audiovisuales” son mujeres.

Curioso…

Aunque los datos oficiales son de haces unos años (1), el panorama no ha cambiado demasiado. Tan solo basta recordar que durante la última edición de los Premios Goya (2018) solo el 27% de las películas finalistas fueron firmadas por mujeres a pesar de que Carla Simón o Isabel Coixet fueron dos de las grandes protagonistas de los premios más importantes de nuestra industria audiovisual.

Fuera de nuestras fronteras los datos generales y cuantitativos son similares. Sin embargo, empiezan a ocurrir cosas.

Rachas de huracán van mermando el bosque únicamente falocéntrico en el que vive Hollywood desde hace 100 años. Y no nos referimos únicamente solo a la mayor presencia de directoras de calidad en la primera línea industrial (Kathryn Bygelow, Jodie Foster, Sofia Coppola, Penny Marshall, Ava DuVernay, etc…) sino sobre todo a movimientos grupales que empiezan a generar ejemplos y nuevos modelos de empoderamiento artístico.

 

En los últimos dos años, el escándalo Weisntein en EEUU y otros similares en el resto del mundo han disparado los movimientos que buscan proteger y reforzar el papel de las mujeres como autoras audiovisuales. Con dicho objetivo Julette Binoche, Queen Latifah o Jessica Chastain entre otras conformaron en 2016 la plataforma “We do it together” con el objetivo de producir y distribuir un cine realizado por y para mujeres. Similar proceso es el seguido por Resee Witherspoon que ha ido retirándose de la primera línea como actriz para asumir la dirección de su productora Hello Sunshine, con la que ha escrito, dirigido y protagonizado la serie “Big Little Lies” que HBO compró hace un año y que no para de cosechar premios en el panorama televisivo estadounidense.

En el resto del mundo la irrupción y la importancia de mujeres cineastas cada vez es más palpable y esperanzador. A las ya consagradas Agnes Varda, Mira Nair, Suzanne Blier, Jane Campion, Iciar Bollaín, Chantal Akerman, Samira Makhmalbaf, o la propia Coixet, se han unido en el último lustro los nombres propios de Lucrecia Martel, Carla Simón, Maren Ade, Julia Ducornau, Niki Caro, Linne Rammsey, Ama Asante, Nely Reguera, Mia Hansen-Love, Any Lily Amirpour…

 

Sin embargo y a pesar de todos esto, los datos generales y concretos no son tan halagüeños. Las mujeres cineastas siguen siendo una minoría, su mirada se desdibuja, o es apropiada desde posiciones poco coherentes, jugando la bandera de la moda y el movimiento mediático, y acabando como una reivindicación acomodaticias más. Por eso, en Feelmotion vemos la semilla de una nueva generación. Una generación de mujeres fuertes que luchan en igualdad de condiciones y con su propia mirada en un universo que ya nunca volverá a ser el de antes.

Y curiosamente no solo debemos hablar del cine sobre mujeres hecho por mujeres, sino de las piezas realizadas por hombres con mujeres como protagonistas. Y no cualquier tipo de mujer. Nos lo demuestra las dos piezas de animación que nos mandaron desde la Universidad de Taipei (“Retouch” y  “Can you hear me?”), el soberbio documental de Jorge Criado (“El escorpión”) o el videoarte de Ángel García (“Doppelgänger”).

Ojalá sea oráculo y prefacio, nuestro festival, de una renovación que el relato audiovisual merece y necesita en nuestro país, y en todo el mundo.

Solo juntos, mujeres y hombres, armados por una cámara, una cabeza llena de ideas y un corazón rebelde, podremos construir un mundo más justo y mejor para los que vienen.

 

 

Raúl San Julián

Director de ESNE FEELMOTION

 

 

 

 

 

 

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De izquierda a derecha: Marta Pérez de Camino, Raquel García, Irene Espejo, Alba Pérez, Melisa Marel; debajo: Ana Muñoz, Alba Martínez y Carlota Borrás. Fotografías: Jorge Criado.
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